Pujidos
Subí a cantar en un camión de la ruta que corre de Xonacatlan hacia Alfredo del mazo a la altura de la central de abastos, no había muchos pasajeros así que me aposté sobre el flanco izquierdo de un asiento para comenzar a cantar, fueron puras rolas románticas cabe mencionar que andaba muy inspirado esa mañana; después de la segunda rola volteé hacia un lado y me percate de que una chica iba sentada sola, los asientos entre nosotros apenas me dejaran ver su rostro el cual estaba invadido por un par de lágrimas que resbalaban hasta la mitad de sus mejillas, pensé que las canciones le habían traído recuerdos tal vez gratos o algunos amargos no lo sabía pero mientras cantaba la última, mi mente se entretuvo en imaginar el motivo de aquellas lágrimas en los ojos de la misteriosa mujer. Cómo siempre termine la canciones y pronuncie el discurso previo a pedir las monedas, llegue a dónde estaba ella y pregunte "¿Estás bien, amiga? ¿por qué lloras?" Pensando en que me dijera que mi interpretación le había traído melancólica, sin embargo respondió: si, estoy bien, lo que pasa es que tengo contracciones pero ya voy al hospital, muchas gracias.
Hace poco caminaba por las calles de Xonacatlan y reconocí a aquella chica, caminaba del otro lado de la acera y llevaba de la mano a un niño más o menos de 6 años, pensé en mis adentros que ese chamaco un día en un camión, casi sale a mirar quien estaba tocando con tanto sentimiento.
Crónicas de un cantante callejero

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