El ataque de los gorilas

Después de salir de sabrá Dios cuál cantina, me encamine como pude rumbo a mi casa, ya era de madrugada y mi sombra tambaleante era reflejada por la luz casi naranja del alumbrado público, solo me acompañaba mi guitarra y mi Morralito que guardaba los secretos y las vivencias del día, junto con algunas monedas que me sobraron después de aquella juerga. Un coche, específicamente una caribe, salió de no se cuál esquina y pronto me dio alcance, un par de tipos que iban a bordo bajaron la ventanilla y me dijeron "hey, guitarras, vamos a echar unas rolas" les dije que simon pero que les cobraba "tanto" como siempre pasa con ese tipo de gente, me chillaron el costo con argumentos que pretendían ser mejores que los míos solo para pagarme lo que ellos querían, todo cambio cuando me dijeron que traían cervezas para beber en el camino y como ya traía el hocico caliente de beber antes pues les dije que arre, me subí al carro me dieron mi cheve y nos largamos hasta algún pueblo cerca de Santiago Tianguistenco (tssss) con mi voz de tercioperro, y acento de borracho trasnochado mal entone unas rolas, Dulcinea salió (Dulcinea en el Quijote de la mancha era descrita como una mujer hermosa a los ojos del Quijote, pero quien conozca la lectura sabrán que nel) y colmó de besos y un faje descarado a su caballero alucinado. Nos retiramos me llevaron a mi pueblo mientras de camino platicábamos del pinche exitaso que habíamos tenido, fue así que el otro mono se animó y quiso llevar serenata a una tipa que vivía muy cerca de mi casa, dije que si por qué pensé que dos rolas bastaban para dejarlos y llegar a mi chantli sin problemas...maldita sea la hora en que acepte. Pues que llegamos bajo la  ventana en que había que roncar, pero los gañanes no se bajaron del coche así que me arranque con la primera rola, a media canción se asomo una chica que me interrumpió preguntando que cosa quería, que quien me enviaba, solo atiné a decirle que yo estaba trabajando pero que "el"  el estaba en el automóvil (esperaba que bajara el tipo para que lo vieran pero no lo hizo) mientras yo daba explicaciones un gorila se asomo por la misma ventana y me dijo que me callara el hocico que no estuviera jodiendo, ni hablar. Me regresé al auto y les dije que " ya estuvo" pero ese wey insisto "ya termina la rola y te pagamos" no se por que demonios acepte y baje de nuevo, me instale bajo aquella ventana toque un par de compases de una canción ¡y que abren la puerta del zaguán! salio el gorila antes mencionado a quererme golpear, aquellos del carro hicieron gala de toda su mariconeria y no se bajaron a pesar de que vieron lo violento que se puso el asunto, yo pedía paro por qué me estaban madreando y esos puñetas nomás no se bajaron, es más encendieron  la nave y se largaron (¡HDSPM!) mejor las mujeres de la casa salieron a quitarme al enfurecido homínido, todo terminó en el susto un par de golpes y jalones, aparte de una experiencia horrible, maldita costumbre que tienen los idiotas de matar al mensajero.
Tomé mi maltrecho instrumento y me fui con rumbo a casa, mentando madres e invocando no se a cual demonio para que le jalara las patas a los desgraciados del coche y al mendigo gordo ese, entonces la rabia se apoderó de mí e hizo que me volviera a reclamar venganza; escondí mi guitarra y mi Morralito detrás de un arbusto que ahí estaba, tome un par de piedras y me regresé a romperle los vidrios a la ingrata perjura esa, el primer piedrazo lo tiré con rencor y dio en el blanco, el segundo no me dio tiempo por qué al parecer el gordo aquel estaba aún afuera de su cuarto y en cuanto escucho los vidrios caer salió de inmediato, pensaba rifarme el tiro, recuerden que iba armado con una piedra, para mí sorpresa ya no era solo uno sino dos gorilas los que salieron así que opte por la mejor opción que era correr hasta que ya no pudiera🤣 estaba en mi barrio así que me metí entre las milpas y veredas hasta que los perdí, después de 40 minutos regresé por mis cosas donde las había escondido y me fui a dormir a mi camita 😁 
Nunca volví a pasar por esa calle ni volví a ver a los ojetes de la caribe...esa estuvo leve, hubo una parecida donde hubo balazos y ahí si se me subieron de anginas, pero ese es otro cuento.

Crónicas de un cantante callejero.


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